He hecho muchas ventas, más de las que recuerdo. Sin embargo, no me gustaba vender.

Y sé que cuesta creer, porque es una de esas capacidades que llevo dentro desde siempre. Por eso, antes de continuar te pido que mires (con cariño), el vídeo que sigue a continuación. No te va a llevar más de 4 minutos, pero vas a ver a una Cecilia incómoda con las preguntas del entonces «jefe» (hoy, gran amigo)

¿Te has fijado bien?

No es sólo lo que respondo a las preguntas, si no cómo lo hago. Estoy a la defensiva, incómoda con la situación aunque entiendo que no hay mala leche por parte de mi jefe (gracias J, love you). Las manos en los bolsillos la mayor parte del tiempo, sacando pecho de forma tosca en algunas respuestas («a que pillas…»), mordiéndome los labios porque lo que quiero decir no lo puedo decir….

Totalmente molesta, y buscando argumentar algo que sólo está en mi cabeza.

Había trabajado como asesora en otras ocasiones, con muy buenos resultados, aunque siempre minusvalorando ese trabajo, que siempre intentaba que fuese «secundario».

Es por eso que te entiendo.

Cuando dices eso de que no te gusta vender, que es lo que peor se te da. Cuando buscas a personas que sientes que necesitan de tu abrigo, y así les ayudas, pero te sabe hasta mal eso de cobrar.

Cuando le discutes a tu broker los honorarios, porque crees que no vas a poder ayudar a esos clientes que te están solicitando que te ajustes como ellos.

Cuando tienes que salir a prospectar, a conseguir nuevos clientes, e incluso cuando tienes que pedir una reseña a un cliente al que has acompañado.

Te entiendo, sí. Y también puedo ayudarte a que entiendas que está en tu cabeza.

Que el miedo es real, y que puede hacerte muy pequeñ@, y eso no es sano.

Porque todo en esta vida es una venta, un tipo de venta con un beneficio y honorarios más o menos visibles.

Y tu trabajo, ese que te desvela y se lleva horas de tu tiempo antes y después de cada venta, merece unos honorarios.

Porque «me encanta ayudar» no paga facturas, y ayudar se puede hacer también desde el otro lado de un cheque.

Ayudo y de forma gratuita en muchas ocasiones, cuando quiero. Pero mi trabajo vale más que el importe que me abonan, porque me gusta ayudar, y me gusta valorar mi trabajo.

A día de hoy, no sólo sé que soy muy buena «vendiendo», si no que me gusta hacerlo y ayudar a otros a superar ese miedo paralizante.

¿Te gusta vender?